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Almuerzo campestre en Cayaltí

Paseo campestre familiar en los alrededores de la antigua hacienda Cayaltí (Lambayeque, Perú), posiblemente en las faldas del cerro Léon o del cerro Corbacho, típico destino dominical para los obreros y sus famlias. Nótese a la izquierda a Sixtina Tapia (mi abuela por línea paterna) y a la derecha a doña Teófila Sánchez Araujo, esposa y madre de Cudelio córdova respectivamente. (Foto: Archivo Fotográfico Cudelio Cordova).

Paseo campestre familiar en los alrededores de la antigua hacienda Cayaltí (Lambayeque, Perú), posiblemente en las faldas del cerro Léon o del cerro Corbacho, típico destino dominical para los obreros y sus famlias. Nótese a la izquierda a Sixtina Tapia (mi abuela por línea paterna) y a la derecha a doña Teófila Sánchez Araujo, esposa y madre de Cudelio córdova respectivamente. La imagen, sin fecha, data posiblemente de la década del 50. (Foto: Archivo Fotográfico Cudelio Cordova).

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Doña Sofía Gonzales, matriarca de la familia Tapia-Gonzales

Doña Sofía Gonzales de Tapia, con sus hijos, nietos y sobrinos. (Foto: Cudelio Córdova Salinas)

Doña Sofía Gonzales de Tapia, con sus hijos, nietos y sobrinos en Cayaltí.
(Foto: Cudelio Córdova Sánchez)

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LA HISTORIA DE LA FAMILIA TAPIA GONZALES EN CAYALTÍ

Macedonio Tapia Arévalo (hijo de Juana Tapia Arévalo y de un inmigrante chino que falleció antes de que él naciera), llegó a ser mecánico jefe de la fábrica de Cayaltí. Con su eposa Sofía Gonzales tuvieron diez hijos: Sixtina Esperanza, Alina, Segundo Macedonio, Francisco, María Númida, Claudia y Evadio (murieron de niños), Acacio Marcelo, Ernesto y Pedro Cláver. Actualmente están vivos Acacio, Francisco, Ernesto y Pedro. (Archivo Fotográfico Cudelio Córdova).

Macedonio Tapia Arévalo (hijo de Juana Tapia Arévalo y de un inmigrante chino que falleció antes de que él naciera), llegó a ser mecánico jefe de la fábrica de Cayaltí. Con su eposa Sofía Gonzales tuvieron diez hijos: Sixtina Esperanza, Alina, Segundo Macedonio, Francisco, María Númida, Claudia y Evadio (murieron de niños), Acacio Marcelo, Ernesto y Pedro Cláver. Actualmente están vivos Acacio, Ernesto y Pedro. El tío Francisco (“Pancho”) falleció el año pasado en Chiclayo. (Archivo Fotográfico Cudelio Córdova).

A PROPÓSITO DE ESTA FOTO

(Texto extraído del libro en proyecto: “Cudelio Córdova, fotógrafo de Cayaltí”, de Nivardo Córdova Salinas.)

En la década del 40, Cudelio Córdova Sánchez contrajo matrimonio con la dama cayaltileña Sixtina Esperanza Tapia Gonzales con quien tuvo cuatro hijos: Merari -fallecido en 1986-, Libni, Tito Yevín y Nivardo Vasni Córdova Tapia. Todos ellos lograron graduarse en la universidad, obtener sus respectivos títulos académicos y ejercer su profesión. Es más, fueron los primeros cayaltileños en profesionalizarse. Merari se graduó como profesor en la Universidad Enrique Guzmán y Valle “La Cantuta” (además de la docencia ejerció el oficio de periodista en el puerto de Pisco); Libni se graduó como odontólogo en San Marcos, Tito Herbert (“Yevín”) como médico pediatra y Nivardo Vasni (mi padre) como ingeniero químico, ambos en la Universidad Nacional de Trujillo.
La historia de los ancestros de Sixtina Tapia Gonzales, y la de ella misma, podría dar campo para otro libro biográfico. Ella fue la hija mayor de doña Sofía Gonzales Vásquez y de don Macedonio Tapia Arévalo, mecánico en jefe de la fábrica de Cayaltí, quienes tuvieron diez hijos: Sixtina Esperanza, Alina, Segundo Macedonio, Francisco, María Númida, Claudia y Evadio (murieron de niños), Acacio Marcelo, Ernesto y Pedro Cláver.
Macedonio Tapia Arévalo, mi bisabuelo por línea paterna, es otro de esos personajes fascinantes de la historia de Cayaltí. Él fue hijo de Juana Tapia Arévalo y un comerciante de origen chino afincado en Chiclayo y apellidado Wong (testimonio familiar), quien falleció súbitamente en uno de sus viajes a la China -posiblemente a consecuencia de una peritonitis- dejando a su mujer en estado de gestación. Ella, sin saber del aciago final de su compañero, dio a luz a un varón a quién bautizó con el nombre de Macedonio, poniéndole su apellido: Tapia. Ella no llegó a saber de la muerte del padre de su hijo y quizás vivió agobiada por la duda y la sospecha de haber sido abandonada.

Con insistencia he podido escuchar versiones de que los hermanos del comerciante Wong, cuyas tiendas estaban en la calle Lapoint (también llamada calle Teatro, porque allí queda el antiguo Teatro Dos de Mayo) en Chiclayo, atendían cordialmente al pequeño Macedonio durante las ocasiones en que fue con su madre a hacer compras a esa ciudad, acaso sabedores de que él era heredero natural de aquellos bienes. Pero ella, por una especie de orgullo femenino, siempre rechazó cualquier posibilidad de reclamar una herencia o beneficio económico para su hijo.

Macedonio, también autodidacto, empezó a trabajar en la hacienda como cortador de caña y terminó siendo el mecánico en jefe de la fábrica de azúcar de Cayaltí. “Era tan minucioso y eficiente en su trabajo, que la fábrica jamás paralizó cuando él estuvo en su puesto. Cuando murió, víctima de un cáncer, los hacendados tuvieron que contratar a cinco ingenieros mecánicos para reemplazarlo”. Con toda seguridad, Macedonio Tapia Arévalo, padre de Sixtina Tapia Gonzales y a la vez suegro de Cudelio Córdova Sánchez, fue una motivación y ejemplo digno de imitar, pues ya hemos mencionado que “Don Cude” fue también autodidacto.

TESTIMONIO DE ERNESTO TAPIA GONZALES

Hay una serie de fotografías de don Macedonio y doña Sofía, con todos sus hijos, tomadas por Cudelio Córdova y que dan cuenta de la unidad familiar. Aun en medio de la modestia económica, ellos supieron vivir con alegría y dignidad. Hay fotos de los Tapia Gonzales en pleno durante sus paseos campestres, reuniones y otras instantáneas familiares en blanco y negro.
Para mayor precisión, transcribimos un fragmento del artículo titulado “Escarbando el pasado, de mi querido tío el profesor Ernesto Tapia Gonzales, hijo de Macedonio [Wong] Tapia Arévalo y Sofía Gonzales.

“Yo sé muy bien que todas las familias tienen sus propias historias con sus respectivos personajes, los mismos que le dan su singular peculiaridad en cada caso; tratándose de la mía, permítanme decirles que la mía es muy pero muy especial, distinción que le supieron dar mis progenitores. Con relación a lo dicho es muy importante saber quiénes fueron mis progenitores. Ellos fueron el maestro Macedonio Tapia Arévalo y doña Sofía Gonzáles Vásquez, y, a manera de información para los familiares de la segunda (nietos), tercera (bisnietos) y cuarta (tataranietos).

Empezaré diciendo que Macedonio fue hijo de un chino comerciante apellidado Wong que viajaba frecuentemente a la China y en uno de esos viajes no regresó, dejando a la abuela Juana Tapia Arévalo embarazada. La abuela Juana alumbró en el pueblo de Reque, cerca de Chiclayo, actualmente distrito. La abuela, por decisión propia, le puso a su hijo sus dos apellidos: Tapia Arévalo. Cinco años después, fallece, quedando Macedonio huérfano de padre y madre.

Macedonio, desde la edad de cinco años, empieza a degustar los sinsabores de la vida, es recogido y llevado a la hacienda Cayaltí, por unos parientes lejanos de su mamá. Estos parientes le consiguen un trabajo para que pueda sustentarse y así va creciendo en tareas serviles, hasta que lo encontramos trabajando en forma asalariada en el deshierbo de la caña, y es aquí donde aprovechando los pequeños descansos, que permitían estas faenas, pagaba a sus compañeros de trabajo, mayores que él, para que le enseñasen a leer y a escribir. Cuando lo consigue, Macedonio se dio cuenta que había adquirido la llave que le abriría la puerta de su futuro, y se encaminó a buscar trabajo como obrero en los talleres. Los talleres eran lugares donde se encargaban de arreglar todas las fallas mecánicas que se presentaban en la fábrica, y como esas fallas eran frecuentes y originadas por diferentes motivos, Macedonio, para quedar bien con su trabajo, se matricula por correspondencia en cursos de mecánica, los mismos que le van facilitando su trabajo y ganando poco a poco el respeto de sus compañeros y del mismo hacendado (patrón), quien lo nombra maestro jefe de los talleres y de la fábrica.

Es así como yo lo recuerdo a mi padre Macedonio, y lo hago con mucho cariño y orgullo. Con cariño porque nos dio todo su afecto y su vida como ejemplo, y con orgullo porque cuando falleció, contrataron a cinco ingenieros para reemplazarlo”…

Macedonio Tapia llegó a ser suegro de Cudelio Córdova, y cuando aquel contrajo un cáncer a la garganta éste fue su “enfermero de cabecera”. De temple recio, Macedonio atribuía su dolor de garganta a un imaginario “atragantamiento con una espina de pescado” (anécdota narrada por Acacio Tapia), pero la verdad era que el cáncer avanzaba silenciosamente en su organismo, hasta fallecer el 10 de junio de 1952. Meses antes, el 13 de febrero de ese mismo año, había muerto su hija Alina. Su viuda, doña Sofía Gonzales, dio muestras de buena salud y lucidez hasta fallecer el 6 de abril de 1987 en la ciudad de Chiclayo. Su yerno, Cudelio Córdova, muere el 8 de febrero en Chiclayo y su hija Sixtina se extinguió el 25 de septiembre de 1993.

Cudelio y Sixtina están sepultados en la ciudad de Chimbote, donde vivieron sus últimos años de senectud en la casa de su hijo, el reconocido médico pediatra Tito Herbert “Yevín” Córdova Tapia.

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